El progreso puede matar
El denominado progreso de la civilización occidental tiene efectos nefastos en la salud de los pueblos indígenas. Así lo expresa el informe “El progreso puede matar” de la organización no gubernamental Survival presentado la semana pasada a los medios de comunicación.
Survival, en su informe, deja claro desde el principio que su investigación no pretende ser una loa a un romanticismo mal entendido que niegue los avances de la ciencia, ni un rechazo al cambio o la evolución de las sociedades indígenas. Así se entiende cuando se lee el informe, ya que las cifras y datos que ofrece son poco discutibles.
El título de este estudio, “El progreso puede matar”, intenta resumir los efectos más devastadores que puede causar la intervención occidental en los territorios indígenas, ya sea desplazándolos o asentándose en sus tierras.
Desde la época colonial, la intervención del hombre en otras culturas provocó la muerte producto de enfermedades transmitidas a los pueblos originarios, pero hoy en día esa enfermedad podría decirse que tiene el nombre “progreso”, y que su agente viral es el despojo de la tierra a los pueblos indígenas.
Algunos datos del informe de Survival:
- Un 90% de indígenas americanos murió tras el contacto con los europeos, la mayoría por enfermedades. Otros fueron exterminados.
- En 2002, un 40% de las muertes de bosquimanos gana y gwi en un campo de reasentamiento se debieron al SIDA.
- En una de las regiones más ricas de Brasil, niños guaraní están muriendo de hambre.
- En Australia, un 64% de los aborígenes urbanos padecen obesidad.
- Entre 1985 y el año 2000, unos 300 guaraní-kaiowá se suicidaron. El más joven tenía sólo nueve años.
- Un tercio de los niños innu inhala gasolina. Muchos comienzan con sólo cinco años de edad.
Todas estas enfermedades van asociadas a la pérdida del territorio, que pocas veces el mundo occidental entiende como el pilar insustituible de los pueblos indígenas.
La pérdida de la tierra significa enfermedad
Parece oportuno recordar que la cosmovisión indígena se basa en una relación armónica con la tierra, la “Madre Tierra”. En las culturas indígenas, en la gran mayoría de ocasiones, conceptos como acumulación, riqueza, progreso y desarrollo no están presentes en la lengua ni en el quehacer diario. Riqueza es un concepto asociado al mundo espiritual y en lo material, propio de la “Madre Tierra”.
De esta manera, despojar e invadir sus territorios es arrancarles lo único que entienden como riqueza. La pérdida de la misma es igual a desorientación y a enfermedad. Sus culturas se convierten en casas sin pilares, que con el mínimo viento, caen.
Los datos del informe de Survival son reveladores de esta realidad que viven los pueblos indígenas del planeta, lo que no significa que los pueblos originarios sean ajenos a la ciencia y al progreso. Lo que sucede es que las cosmovisiones de progreso y desarrollo son distintas y en la ignorancia de la diferencia es donde radica el origen de los problemas causados por la imposición del concepto de progreso del hombre occidental.
La medicina: los indígenas y la protección de sus territorios
Comprendido el origen de la enfermedad que ataca a los pueblos indígenas. Es decir, invasión de sus territorios y despojo de su cultura, el movimiento indigenista ha ido logrando que el mundo occidental comprenda que la cura de esta enfermedad pasa por la devolución de los territorios indígenas.
Los avances en la protección de los pueblos originarios, en gran medida, han llegado con la comprensión del mundo occidental de lo que significa desarrollo sustentable. La autodestrucción de los recursos naturales, provocados por occidente en todo el planeta, y sus consecuencias han hecho que se seamos más conscientes de lo que significa tierra y ecología. En resumen, la importancia de la “Madre Tierra” en el desarrollo de nuestras vidas.
La medicina llega poco a poco a los pueblos indígenas. Las resoluciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre derechos indígenas han dotado a los pueblos originarios de una esperanza de curación.
Ahora, sólo queda esperar que los países que ratifican estas resoluciones administren con celeridad la medicina que necesitan los pueblos indígenas del planeta para curarse de esta larga enfermedad que padecen.