‘¡Que viva la música!’, de Caicedo
Es la única novela que publicó Andrés Caicedo (1951-1977) poco antes de que se quitara vida. Él siempre se ha identificado por sus personajes descarnados y violentos, jovencitos en las inmediaciones de la adolescencia que asumen su condición con sorprendente lucidez y descarado pesimismo: la minoría de edad, que les da la libertad de poder hacer lo que quieran sin que ello pueda ser juzgado o parametrado en el terreno racional de la adultez.
La novela narra la historia de María del Carmen Huerta, una muchacha de clase acomodada de la ciudad de Cali, al norte de Colombia. No es una heroína, tal como se entiende la idea de héroe o heroína, carece de principios, no intenta trascender como alguien digna. Ella sólo tiene una motivación: la música. En ese sentido, será a través de ésta que buscará la inmortalidad si es posible, a través del baile, de las letras de las canciones, de la adrenalina que se expectora con cada canción bien bailada.
Deja la casa de sus padres para vivir su propia vida, deja a sus amigos del norte, aburguesados y aburridos de su estatus, casi empantanados entre los acordes de alguna canción de los Rolling Stones, para irse al sur, donde todo parece explotar a cada rato.
Del norte al sur
El traspaso de un lugar a otro (de norte a sur), es casi imperceptible, como si fuera algo que tenía que suceder. Cuando llega al sur dice: “no era sino cuestión de dejarme ir, abrí los brazos, todo es mío, todo me ayudaba, toma y dame…” (p.102) La salsa y guagancó no se detienen, dejándose escuchar en todas partes, asumiendo ese estado de algarabía constante, como algo suyo y muy normal.
María del Carmen se da cuenta que en el sur puede seguir bailando y desechando amantes en la medida que estos puedan entender su verdadera vocación: el bailar y cantar, que aunque lo haga mal no importa. Es el sur de los arrabales y casas desparramadas, de gente que conocía de oídas y que nunca tuvo tiempo para ver. Ella se siente arrojada hacia ese mundo delirante donde no hay mucho tiempo para pensar y donde los excesos del sexo, las drogas, el alcohol y el ruido, son tomados desde otra perspectiva, muy diferente a la que solía estar acostumbrada.
La única manera de darse cuenta que te acabas es siendo adulto, tomando conciencia de tus actos, nos dice casi al final del libro. María quiere dejar de crecer a su manera, con el cabello suelto, amagando aquello que pueda detenerle con cada paso de baile y movimiento de cadera: los amantes mueren, los amigos desaparecen. Romper con las estructuras morales de la sociedad revitaliza sus intereses subjetivizándolos al máximo. Por ende, mantener sus maldades en estado de inocencia infantil es una cuestión de fe.“Nunca permitas que te vuelvan persona mayor, hombre respetable. Nunca dejes de ser niño, aunque tengas los ojos en la nunca y se te empiecen a caer los dientes” (P.204).
Música en la historia
‘¡Que viva la música!‘,es un libro bizarro, cuya historia parece estar amalgamada con las letras de alguna canción o con las alucinaciones de la protagonista, un libro que rompe estructuralmente con la sintaxis del lenguaje narrativo (una forma de oponerse también a las normas). El ritmo que impone la música es el ritmo o el impulso que tiene el personaje para seguir. No hay tiempo para detenerse, detenerse te haría tomar conciencia, parece decir a cada instante María.
Brutal y personal, sumergida en las imágenes que relatan la realidad, la novela representa la última parada, un lugar de donde la mayoría desea salir, si es que llegan. Es un mensaje codificado de Andrés que da a conocer a través de su personaje principal su deseo de romper con las normas, de enfrentarse a las formas preestablecidas, de ver de cerca el infierno a través de sus calles que desembocan hasta el río Pance. Por allí pasarás si eres valiente. El camino lo elige cada uno.
Al final de la novela hay una lista de canciones, que el autor utilizó para escribir el libro, como si fuera el soundtrack de una película que marca la pauta de cada momento en la historia. ‘¡Que viva la música!‘, es una novela que se debería leer sin tomar muchos respiros para que se pueda sentir y entender mejor, porque no está contada de la manera tradicional: las metáforas se persiguen a cada rato, visiones que la narradora expone como su propia interpretación de la realidad.
Motivos para leerla
Recomiendo leer esta novela, en general toda la obra de Andrés Caicedo, que no es mucha, pero que ha sido soslayada durante muchos años, quizás por esa cultura oficial que suele imponer sus propias reglas. El escritor Alberto Fuguet publicará dentro de poco una especie de autobiografía (detalles de su obra, en la que se incluye también críticas de cine) del autor colombiano, que será algo así como la carta de presentación de este escritor tantas veces postergado, incluso antes de que se quitase la vida.
Ficha:
- Nombre: ¡Que viva la música!
- Autor: Andrés Caicedo
- Editorial: Norma.
- Otras obras de Andrés Caicedo: ‘Angelitos empantanados o historias para jovencitos‘, ‘El atravesado‘, ‘Noche sin fortuna‘, ‘Calicalabozo‘, ‘Ojo al cine‘, ‘El cuento de mi vida‘.