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Ramón Rodríguez nació en Santander en 1987 y pese a su nombre, no cortó el rabo al perro de San Roque. Estudia Periodismo en la Universidad Carlos III y ha colaborado en varios proyectos en la web como crítico de cine, dibujante, periodista musical y deportivo. Aún espera que le paguen por alguna colaboración, pero al menos no pierde dinero. Blog

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El cine es mejor cuando hay crisis

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Quizás el materialismo histórico esté muy pasado de moda. A lo mejor relacionar las idas y venidas de la cultura con “los cambios en los medios de producción” que decía Marx sea un disparate. Pero si superponemos los datos de la historia económica de Occidente en el último siglo con los de la historia del cine nos sorprenderemos al ver que, paradójicamente y en muchísimos casos, las crisis económicas han coincidido con explosiones de creatividad en el séptimo arte, con diferencia, el más caro de realizar de todos.

En todas las clases de Economía se pone como ejemplo la crisis de Alemania en los años ‘20. Una inflación salvaje, unida a las duras sanciones del Tratado de Versalles estaban dejando a la economía alemana en la ruina más absoluta. En cambio, el mismo periodo del mismo país en una clase de Historia del Cine es tratado de forma mucho más luminosa: Berlín en aquellos convulsos años era un vergel artístico, especialmente en el cine. Una generación de jóvenes talentos (Lang, Murnau, Wiene…) al servicio de la UFA dieron forma al expresionismo alemán, el primer movimiento cinematográfico importante de la historia. ‘El gabinete del Dr. Caligari‘, ‘Nosferatu‘, ‘El Golem‘, ‘Metrópolis‘… obras maestras del séptimo arte naciendo en una economía hecha pedazos. No serán las últimas. Curiosamente, muchos de estos directores abandonaron Alemania por Estados Unidos cuando la economía teutona empezó a recuperarse, y al poco de llegar a Hollywood, estalló el crack del ‘29. Los hay gafes.

El cine en EEUU antes del jueves negro era considerado un pasatiempo de gente pobre, la clase media prefería el teatro y los vodevils. Al perder poder adquisitivo tuvo que tragarse el orgullo y llenar las salas de cine, justo el impulso que la industria fílmica necesitaba. Durante la Gran Depresión se consolidó el sistema de estudios y nació lo que hoy llamamos cine clásico norteamericano. Mientras EEUU soportaba enormes cifras de desempleo y su PIB caía en picado, se filmaron las películas de los hermanos Marx, las de Walt Disney, los dramones de Greta Garbo, el cine de gángsters, o las comedias sofisticadas de Lubistch. Se sentaron las bases para un periodo de veinte años de extraordinaria fecundidad creativa, que sólo duró mientras la economía fue mal. Aparentemente, la prosperidad tras la 2ª Guerra Mundial hirió de muerte a Hollywood.

Un par de décadas de crecimiento económico bastaron para que EEUU perdiese su identidad cinematográfica. Los directores americanos que destacaron en los ‘50 y ‘60 (John Ford, John Houston, Billy Wilder o Elia Kazan) provenían en realidad de la anterior etapa y seguían haciendo sus películas al estilo de la vieja escuela. El sistema de estudios se derrumbó y los éxitos eran aislados. Parecía que América necesitaba otra crisis para despertar del letargo cinematográfico, pero llegó con Vietnam y la crisis del petróleo a principios de los ‘70.

En aquellos años de vacas flacas aparecieron los llamados cuatro barbudos (Spielberg, Coppola, Scorsese y George Lucas), otro más con barba e infinitud de directores más personales como Sam Peckinpah, Woody Allen, Robert Altman o Robert Aldrich. Es imposible citar todos los gigantes que surgieron en la primera mitad mal contada de los ‘70 y las estrellas (Dustin Hoffman, Al Pacino, Robert de Niro…) que les acompañaron para fundar “El nuevo Hollywood“. El relevo generacional parcial coincidió con la crisis (igual de parcial) de finales de los ‘80 y principios de los ‘90: Tarantino, los hermanos Coen, Spike Lee, Jim Jarmusch… ¿Habrá otra generación de genios para la crisis de las subprime?

Pero las correspondencias entre crisis económicas/auges cinematográficos y viceversa no sólo se dieron en Alemania y EEUU. En el resto del mundo, en el momento en que en un mismo país destacaron más de dos directores a la vez, casi siempre venían acompañados de una recesión.

Así, la ola de cineastas soviéticos de principios de los ‘20 coincidió con la guerra civil rusa y el desastre inicial de los planes de colectivización de Lenin. El neorrealismo italiano floreció en las ruinas de la economía de la posguerra. La nouvelle-vague coincidió con un periodo en que las cuentas de Francia estaban saneadas, pero con el desastre de la cuarta república y la descolonización de Argelia como telón de fondo. El cine iraní de Kiarostami, Majadi y Panahi empezó a rodarse con inflaciones del 50%. El boom de Argentina coincidió con la crisis y “el corralito” y, ahora la economía crece, llevamos varios años sin ver una película argentina de importancia. Incluso en la liga menor en la que juega España nombres como los de Isabel Coixet, Amenábar o Álex de la Iglesia surgieron en los años de recesión del último gobierno de Felipe González.

Podemos no encontrar empleo, no poder pagar la hipoteca o independizarnos los que seguimos en casa de nuestros padres. No irnos de vacaciones, salir de juerga menos porque las copas están carísimas y no llenar el carrito de la compra hasta los topes como hacíamos antes. Incluso, no poder pagar la entrada de un cine. Pero si la historia se repite, igual tendremos la oportunidad de ver (a través del Emule) unas cuantas películas que merezcan la pena.

Tira a la basura la soga y el taburete que compraste el otro día ¡el cine nos hará la crisis más llevadera!… Bueno ¡Con suerte!

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2 comentarios. »

  1. [...] Cultura. El cine es mejor en tiempos de crisis [...]

  2. De los ejemplos que pones, el que me parece más claro es el de Argentina, que además tiene otro ejemplo en el campo de la publicidad.
    Sólo es cuestión de tiempo que en Youtube comiencen a abundar verdaderas obras maestras basadas en la crisis en formato de cortometraje.

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