La profesional de los ‘ochomiles’
Afortunadamente para ella, las heridas de guerra más visibles que le ha dejado la montaña están en los pies. Dos falanges de los dedos amputadas por congelación tras el agónico descenso del K2 en 2004. Su compañero de expedició, Juanito Oiarzabal, pagó más caras las consecuencias de la aventura, le amputaron los 10 dedos de los pies. El desafío se completó con éxito, pero Edurne tuvo que pasar un tiempo hospitalizada.
El K2 (8.611 m.) marcó un punto de inflexión para Edurne. Se jugó la vida en el descenso de una las montañas de mayor dificultad. Su esfuerzo heróico no pasó desapercibido para nadie. Dejó de ser una desconocida. Alguien buceó en su currículum, le dio lustre y descubrió que con el K2 iba ya por su séptimo “ochomil”. No era una principiante. Tras aquella experiencia traumática decidió parar durante casi 2 años. El período de reflexión reforzó su convicción de continuar para convertirse en la primera mujer capaz de alcanzar los 14 “ochomiles” del planeta.
Edurne Pasaban se convirtió a partir de ese momento en una profesional dedicada casi en exclusiva al montañismo. Desde entonces vive por y para su reto. Entrena en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat (Barcelona) con sesiones diarias de 4 y 5 horas, algo no demasiado frecuente entre los alpinistas. Comparte techo con decenas de deportistas profesionales y tiene a su disposición un conjunto de médicos, técnicos y especialistas que supervisan su correcta preparación antes de cada expedición.
El pasado domingo, Edurne coronó el Manaslu (8.163 metros), su undécimo ‘ochomil’. Está a 3 cimas de la historia y empata a méritos con su amiga y rival, la austríaca Gerlinde Kaltenbrunner. Los entrenamientos en el CAR de Sant Cugat han dado sus frutos. En la expedición hacia al Manaslu ha estrenado unos nuevos preparados alimenticios que mejoran el rendimiento en condiciones extremas.
El patrocinio, fundamental
Sin ayudas ni becas públicas para el alpinismo, la financiación para las expediciones ha de llegar de manos de los patrocinadores privados. Su abultado currículum y la atención mediática que despiertan sus ascensiones han favorecido la aparición de las marcas privadas: TVE y Movistar han financiado la expedición al Manaslu. No quieren perder la oportunidad de estar al lado de la primera mujer capaz de escalar las 14 cimas más altas del planeta.
Su tirón mediático ha aumentado gracias a la presión de los patrocinadores que luchan por rentabilizar su imagen. Edurne se ha convertido en una especialista en “ochomiles” y su carrera profesional discurre por ese camino. Hace siete años coronó el Everest (8.848 m.) en el anonimato. Todo lo contrario de su última expedición al Manaslu, que se presentó a los medios con toda la pomposidad posible. Digno de una estrella.
Profesional también en los negocios
En la gestión de su carrera deportiva también influye su formación académica. Es licenciada en Ingeniería Técnica Industrial y dispone de un máster en la Business School ESADE de Barcelona. Cuando no escala, ejerce de consultora para algunas empresas. Su futuro está asegurado cuando se le acabe la montaña, hasta entonces, el calendario a corto plazo se presenta más que intenso.
Tiene 34 años y en los próximos 24 meses quiere completar los 3 “ochomiles” que le quedan: Kangchenjunga (8.586 m.), Shisha Pangma (8.027 m.) y Annapurna (8.091 m.), donde ya fracasó una vez. Si lo consigue le aguardan unas pocas líneas en blanco en el injusto y egoísta libro dorado del alpinismo. Poca recompensa para tanto esfuerzo.