Próximas esquelas de cine
Hace pocos días, el portal de noticias Bloomberg publicaba el obituario de Steve Jobs, cofundador y director general de Apple. Un artículo ciertamente exagerado: Jobs sigue vivo y aunque se haya operado hace poco de cáncer de páncreas, evoluciona favorablemente.
Este error pone de manifiesto una práctica común en el periodismo: escribir el obituario de la persona antes de que muera, pero no publicar el homenaje hasta que nos haya dejado. Un poco hipócrita ¿no creéis? ¿Por qué esa misma persona el día anterior a morir no merecía ni una línea en el periódico, pero cuando estira la pata todo son alabanzas?
Así que he escrito unos cuantos obituarios falsos (y la suerte quiera que lo sigan siendo durante mucho tiempo) de grandes cineastas que, por edad, están ya cerca de dejarnos. Repito, ninguno ha muerto: son versiones más cortas e informales de los artículos laudatorios que ya tienen cocinados otros medios, que publicarán sólo cuando el homenajeado no los pueda leer.
Sydney Lumet (84 años)
Sin ser Alfred Hitchcock, Sydney Lumet será recordado como uno de los mejores directores de la historia que nunca ganaron el Oscar. Desde que en 1957 rodase ‘Doce hombres sin piedad‘ ha ido encadenando (curiosamente) media docena de obras maestras: ‘Punto límite‘ (1964) es un tenso drama sobre el holocausto nuclear, el anverso trágico del ‘Teléfono rojo’ de Kubrick. En ‘Serpico‘ (1973), Al Pacino se convierte en un policía hippie decidido a acabar con la corrupción de sus compañeros y en ‘Asesinato en el Orient Express‘ (1974), Lumet demostró que no le temblaba el pulso a la hora de adaptar a Agatha Christie. ‘Tarde de perros‘ (1975) es el modelo al que imita cualquier director que quiera hacer una película de secuestros y ‘Network‘ (1976) una corrosiva crítica al mundo de la televisión. ‘Veredicto final‘ (1982) es para el American Film Institute la cuarta mejor película de juicios de la historia (la medalla de plata se la lleva ‘Doce hombres sin piedad’). Sydney Lumet dirigió una treintena de títulos en una larga, prolífica y bastante regular carrera con broche de oro: ‘Antes que el diablo sepa que has muerto‘ (2007) un ejemplo de cine negro vibrante y visceral.
Se le puede acusar de haber hecho demasiado “cine para chicos” con tanto ladrón, policía y abogado, pero es que verdaderamente era su especialidad, cuando quiso ponerse femenino le salieron churros como ‘Gloria’ (1999) de los que mejor olvidarse. Hoy el alma de un gran director “machote” llama a porrazos e insultos al panteón de los genios del séptimo arte.
Alain Resnais (85 años)
De haber muerto cincuenta años antes, Alain Resnais habría pasado indiscutiblemente a los libros de cine como el mejor director de la nouvelle vague. Tuvo la suerte de vivir medio siglo más, pero la desgracia de realizar sólo tres buenas (buenísimas) películas, todas al principio de su carrera, para después reptar por un desierto creativo durante medio siglo. Antes de dirigir largometrajes, Resnais rodó un documental sobre el bombardeo de Guernica (en YouTube) y otro mucho más famoso sobre el Holocausto, ‘Noche y niebla’ (1955) Este documental (también en YouTube) es una de las más lúcidas y feroces críticas que se hayan hecho nunca al fascismo. Sin embargo, puso su granito de arena en la construcción de la leyenda urbana de que los nazis fabricaban jabón a partir de los cadáveres de los judíos, dando alas a los tres cantamañanas que siguen diciendo que el Holocausto fue un montaje.
Sin dejar el compromiso político, cuatro años más tarde rodó ‘Hiroshima: mon amour‘, una película que como su propio nombre indica habla del amor en los tiempos de la guerra nuclear. Una maravilla sobre la que quedan muy pocas cosas nuevas que decir, salvo que compitió reñidamente por el Oscar de mejor guión de 1960 con ‘El apartamento‘ de Billy Wilder, ahí es nada. La siguiente película de Resnais, su confirmación: ‘El año pasado en Marienbad’ (1961) brillante, retorcida y vanguardista. Pero a partir de ese momento, entró en barrena.
Acumuló películas a cual más cursi y pedante y colaboró activamente en convertir a Francia (que podría haber sido la alternativa a la hegemonía de EEUU en cuestiones fílmicas) en un reducto de pretenciosos encantados de mirarse al ombligo. Quizás siempre fue de esa clase de directores, pero en sus primeras obras se le notaba menos. O a lo mejor soltó al mundo todo lo que tenía que decir en sus tres primeras películas y siguió dirigiendo para pagar las facturas. Lo que es seguro es que ‘Noche y niebla’, ‘Hiroshima: mon amour’ y ‘El año pasado en Marienbad’ son tres dedos índices que nos apuntan por no haberlas revisitado mientras su director aún seguía con vida.
Blake Edwards (86 años)
Inclasificable. Capaz de lo mejor y de lo peor. Lanzó a Autrey Hepburn a la quintaesencia del glamour en la llena de buen gusto ‘Desayuno con diamantes‘, pero nos escupió ‘10. La mujer perfecta‘, de la que sólo puede rescatarse los pechos bamboleantes de Bo Derek. Era el más elegante e ingenioso de la industria si le daba la gana, ‘Cita a ciegas‘, y el más grosero y sin gracia, ‘Una rubia muy dudosa‘, cuando se lo proponía. Sosete y pasado de moda en ‘La carrera del siglo‘ o alocado y rabiosamente actual en ‘Víctor o Victoria‘. Se especializó en la comedia ligera, su interminable saga de ‘La pantera rosa‘, pero nos regaló ‘Días de vino y rosas‘ un drama tan increíblemente bueno que parece mentira que la dirigiese el mismo director que hizo ‘El gran enredo‘. Según la película que se estaba viendo daban ganas de mandar a Blake Edwards a vender chatarra a su Oklahoma natal o de ponerle un piso en la “Milla de Oro” madrileña. ¿Un incompetente con mucha suerte o un talento perezoso? Blake Edwards se ha llevado el secreto a la tumba.
Eric Rohmer (88 años)
Un extraterrestre. Mientras Francia entera (Resnais a la cabeza) se sumergía en la nouvelle vague, mayo del ‘68, la bohemia burguesa y la vanidad más insufrible, un señor humilde y metódico contaba historias sencillas acerca de seres humanos complejos.
Los detractores de Eric Rohmer le achacaban que sus films eran sobre cabezas parlantes que sólo de vez en cuando salían de paseo, que su obsesión con la clase media-alta era poco menos que enfermiza y que había demasiada carga intelectual en sus diálogos. Tenían razón y no sólo eso, Eric Rohmer era un coñazo. Pero ver su obra da la misma clase de sopor que leer a Kant: uno no puede ver una de sus películas sin ponerse a pensar en sus cosas, y cuando está haciendo uno sus cosas, no puede evitar pensar en la película. Una vez que se desenredan las citas a Pascal y sus razonamientos logarítmicos y se borra de la memoria el calvario que ha sido aguantar cerca de dos horas seguidas sentado delante de la pantalla, se piensa que ha merecido la pena. Que eres más sabio, más sensible y más maduro que antes de ver la película, pero que antes darías un brazo que volver a verla otra vez. Desafortunadamente es la única opción que nos queda ahora que nos ha dejado y no va a estrenar más películas. Entre las que nos lega destacan las de las series ‘Cuentos de las cuatro estaciones‘, ‘Seis cuentos morales‘ y ‘Mi noche con Maud‘ (1969).














Notificacion por Blog de Notas » Once el 15 de Septiembre de 2008:
[...] bloggers en nuestra geografía, o una recopilación de obituarios adelantados a algunos genios del cine y la música. ¿Para qué esperar a honrarles cuando ya estén [...]
Comment por Mameluco el 15 de Septiembre de 2008:
Evolucionar favorablemente de un cáncer de páncreas es … ejem… para hacerle obituario, fiesta de despedida y preguntarle si ve el túnel…
http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A1ncer_de_p%C3%A1ncreas
C’est la vie!!!
Comment por Raúl M. el 20 de Marzo de 2009:
Bueno, casi un año después me encuentro con esto.
Sobre ROHMER… un maestro como ninguno. El más grande…