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Chema García es licenciado en periodismo, nació en Córdoba y reside actualmente en Sevilla donde se encuentra realizando su doctorado en Comunicación. Ha trabajado en agencias, prensa escrita, radio y sobre todo televisión, medio donde ha sido desde redactor hasta editor y presentador de informativos.

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Los mecanismos de la manipulación política (1)

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El descubrimiento de la politización de los últimos Juegos Olímpicos no dejó en frío a nadie, aunque era algo de esperar. A nadie se le ocurre cuestionar por qué un medio de comunicación u otro tiene sus preferencias políticas. Sin embargo, asumir que un evento de estas características, completamente ajeno a lo cotidiano y metido de lleno en unas pruebas deportivas celebradas de forma periódica, roza casi lo excéntrico pensándolo sólo de soslayo. Pero si lo relacionamos con su repercusión mundial, con el hecho de que donde se celebra existe un gobierno comunista dictatorial y que en su vida diaria ejerce un férreo control sobre los medios la cosa comienza a tintarse de su color natural.

Así lo desguaza en sus intervenciones un reputado profesor de psicología catalán, Joaquím Serrabona, que asegura que el deporte es cada vez más un negocio más cercano a conceptos de violencia y política visceral. La politización de eventos de interés internacional sería, por así decirlo, el culmen de un proceso de control o interés específico en mostrar una imagen determinada al mundo, en mostrar la parte que interesa o dibujar o manipular la verdad para mostrar una realidad mucho más dulce.

¿La politización, publicidad o propaganda?

La politización mediática va unida a conceptos esenciales para el periodismo como son la subjetividad, la imparcialidad o la propaganda. Obviando los dos primeros conceptos por ser básicos definiremos propaganda diferenciándolo de publicidad, hecho que lleva a confusión muy habitualmente en la sociedad, en que la primera muestra interés en convencer de ideas, por ello muy asociado a etapas electorales, mientras que la publicidad trata de vender productos o servicios o convencer de que el público debe adquirirlos para mejorar su nivel de vida y su nivel en sociedad. Es decir, la diferencia más evidente entre uno y otro concepto es la finalidad lucrativa de la publicidad y la finalidad ideológica de la propaganda.

Tan importante y trascendente es la propaganda y la politización de los medios que hasta se llegan a lanzar acusaciones sobre distribuciones audiovisuales que, en algunas ocasiones, tienen claras pretensiones como en el caso los documentales del norteamericano Michael Moore y como ejemplo pondremos su más que polémico ‘Fahrenheit 9/11‘. Recientemente, las acusaciones de politización sobre estas obras ha llegado a salpicar a producciones de animación como ‘Wall-E‘, aunque a muchos les sorprenda. Y es que lo destacable y útil para nuestro análisis no es que denuncien lo que muestra la película, un mundo destrozado por el consumismo, sino la denuncia de la intencionalidad manifiesta de tomar como excusa el film para emitir propaganda.

La propaganda para los políticos es el fin último de su existencia porque deben de estar continuamente convenciendo de sus ideas a un público cada vez más reacio a ser convencido con palabras. Evidentemente, si un ama o amo de casa ve un anuncio de un detergente tiene la práctica de usarlo en su casa habitualmente y una idea previa de cuál es su uso y de las cualidades que éste debe tener. Estas cualidades son calificadas por algunos especialistas como tópicos publicitarios. Sin embargo, cuando hablamos de política, de vender ideas, no tenemos más remedio que remitirnos a la cultura política de un país.

La situación en España

En España en concreto cumplimos ahora 30 años de democracia y los jefes de prensa de los distintos partidos aún se afanan en defender posiciones de alto nivel de conocimiento en materias políticas entre los ciudadanos.

Hace 13 años, en el II Encuentro de Comunicación Empresarial e Institucional de Sevilla organizado por la Universidad de Sevilla, en un seminario matutino todos los ponentes aseguraron sin vacilar que la sociedad española poseía un alto grado de cultura política pese a que prácticamente nadie lee un programa electoral antes de unas elecciones y que, de hacerlo, tendría que asistir a varios cursillos para sacar alguna conclusión al respecto.

Desgraciadamente, la intervención de un miembro del Ministerio Judicial en otro seminario de ese mismo día por la tarde alumbró la realidad que desborda a todos los entendidos en esta materia, el generalizado desconocimiento de la sociedad sobre temas políticos.

¿Convencer a quien no sabe?

Ante el planteamiento de cómo llegan los grupos de poder político a los ciudadanos quedan pocos caminos. Las campañas electorales encierran secretos a voces tales como que los candidatos apuran sus discursos en horarios de informativos y son informados cuando se producen los directos para que puedan lanzar la frase o mensaje que quieren sea escuchado por los espectadores en ese momento. ¿Podría ser esto relacionable a nivel de conocimiento con la falta de entendimiento de un niño y el convencimiento a través del caramelo? Los medios de comunicación lanzan especiales electorales, en los que usan a voluntad aquellas partes de los discursos que de mejor manera podrían servir para defender los intereses de la ideología del medio.

Cuando hablamos de medios de comunicación hoy en día experimentamos obligatoriamente la sensación de encasillar a cada uno en un apartado concreto ideológico, todo un reto cuando han surgido nuevos medios que presurosos muestran la desleal etiqueta de independientes en una sociedad dividida en conservadores y progresistas, valioso recurso heredado de tiempos pasados pero con incesantes reflejos sociales americanistas, conceptos que al final benefician a los más poderosos, que tienden a generar un espacio político bipartidista.

¿Podemos demostrar la manipulación y la politización mediática?

Comentadas ya las bases de lo que es la telaraña de medios de comunicación profundizaremos en el próximo número en detalles concretos y mitos de la reciente historia del periodismo en esta etapa democrática que pudieran haber generado más polémica. Y avanzaremos hacia un tercer dilema planteado, ¿quién dirige la política, los políticos o los medios politizados?

Muchos han discutido sobre la existencia del cuarto poder en el periodismo, otros consideran que esta relegación es voluntaria porque los medios son capaces de ejercer como nadie el papel dinamizador o destructor de los papeles que muchos políticos o partidos ejercen en momentos determinados de la historia, y en este país hay para dar ejemplos. Y otro aspecto a analizar, ya comentado en el libro destacado hace unas semanas en Tinta Digital, ‘La tiranía de la comunicación‘, de Ignacio Ramonet, la manipulación de las imágenes en los medios, sobre las que han salido recientemente varias publicaciones.

Entrada relacionada: Los mecanismos de la manipulación política (y 2)


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