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Sergio Valldecabres, nacido en Valencia en 1981, es licenciado en Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera - CEU de Valencia. Desde sus inicios lleva trabajando en deportes: empezó siguiendo para la Agencia EFE a Ros Casares, Valencia Vijusa Valencia B y Vamasa Valencia. Después, pasó a formar parte de la redacción de deportes del diario Las Provincias, del Grupo Vocento. Actualmente lleva la comunicación de las Federaciones Deportivas de Voleibol, Tenis de Mesa, Deportes Adaptado, Triatlón, Taekwondo, Rugby y Actividades Subacuáticas, además de colaborar en los portales Servifutbol y Mercafutbol.

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El ‘reggae’ de Bolt encandila

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Los Juegos Olímpicos elevan a la categoría de dioses a los mejores atletas. Usain Bolt, en velocidad, y Michael Phelps, en natación, se han coronado como las estrellas de las recién clausuradas Olimpiadas de Pekín. Dos disciplinas individuales que son ignoradas durante la temporada, pero que se convierten en protagonistas cada cuatro años con la llegada de la cita olímpica.

Phelps es considerado un estado independiente. Por lo menos en el medallero olímpico. Sus ocho preseas de oro le han convertido ya en una leyenda. Mark Spitz, que consiguió siete oros en Munich ‘72, lo daba por seguro antes del inicio de los Juegos. A su conclusión, el récord ha pasado de manos y ya lo ostenta el chico de Baltimore.

Pero a pesar de todo, hoy no será Phelps nuestro protagonista sino Bolt, un chico jamaicano que llegaba a Pekín avalado por sus grandes registros en velocidad pero sin la confirmación en unos Juegos.

Usain Bolt, amante del reggae y de su país, ha avasallado a todos sus rivales. Su superioridad, insultante, le ha convertido en el hombre más rápido del planeta. El joven jamaicano, de sólo 22 años, ganó en 100, 200, 4×100 metros y consiguió rebajar el récord mundial en estas distancias. Un hito al alcance de muy pocos elegidos. De hecho, Bolt ya ha logrado ponerse a la altura de los míticos Carl Lewis y Jesse Owens, que hicieron doblete olímpico en Los Ángeles ‘84 y Berlín ‘36, respectivamente.

Bolt es diferente. Su constitución no es propia de un velocista pero su capacidad atlética le permite superar todos los récords. 197 centímetros, 76 kilos y una zancada descomunal. Estas son las señas de identidad de un atleta que ha renunciado a importantes ofertas de universidades estadounidenses para no salir de su Jamaica natal.

Nadie podrá olvidar su llegada a meta en la final de los 100 metros. Tras superar a todos sus rivales con una facilidad pasmosa, llegó a los últimos metros al trote y golpeándose el pecho. Una exhibición. A pesar de sus últimos pasos y que fue uno de los que peor salida ejecutó, Bolt batió el récord mundial que él mismo ostentaba. El hectómetro en 9,69.

Pero a Bolt todavía le quedaba batería para exhibirse en los 200. Bolt, ahora sí, fue a por todas. Quería la plusmarca mundial. Michael Johnson paró el crono en 19,32 en los Juegos de Atlanta ‘96 y se erigía como el mejor. Hasta que llegó este espigado jamaicano que bajaba el récord hasta los 19,30. Nueva exhibición de este joven, que ya no sólo es idolatrado en su país sino en todo el mundo.

El propio Johnson tuvo que rendirse a las cualidades de Bolt y le bautizó como Supermán 2. Uno de los más grandes del atletismo mundial se rendía a las cualidades del nuevo rey de la velocidad mundial.

Rogge: “Tiene que madurar”

Sin embargo, no todo han sido alabanzas. Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional, criticó su actitud al acabar sus pruebas: “Tiene que madurar. Es muy joven, pero debería mostrar más respeto hacia sus rivales. Eso estaría más acorde con el espíritu del ideal olímpico. Debería darles la mano tras cruzar la meta”.

Rogge continuó azotando a Bolt, aunque mostró su confianza en que madure. “A mí no me molesta que monte su show, pero un apretón de manos o un palmadita en la espalda es un gesto necesario”, explicó el máximo mandatario olímpico en un encuentro con la prensa.

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