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David Gómez nació en Madrid en 1989, sin pan debajo del brazo, pero con una vocación en la sangre: ser un comunicador. Con la esperanza de conseguirlo, estudia Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III. Amante de la actualidad y de las nuevas tecnologías, completó un máster en Diseño Web y opina sobre política y periodismo en su blog.

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La primera hora de una tragedia

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La tarde del 20 de agosto de 2008 será tristemente recordada por el conjunto de los españoles como aquella en la que 154 personas perdieron la vida en un trágico accidente de avión, dejando en la más absoluta desolación a sus amigos y familiares. Millares de afectados que, además de con la desesperanza y un inconmensurable dolor, tuvieron que lidiar con una total falta de información y con la incertidumbre de unos primeros momentos en los que el tacto, el buen gusto y la cautela se impusieron entre los profesionales de la información, pero desgraciadamente sin acabar por completo con las especulaciones, los desafortunados bailes de cifras y el morbo de las descripciones e imágenes del lugar de la catástrofe y los heridos.

A nivel informativo, nos encontramos con una cobertura llena de claroscuros de la que es posible destacar, en primer lugar, el trabajo bien hecho, los avances (tanto técnicos como profesionales) que los medios de comunicación y el periodismo ciudadano han realizado desde que el fatídico 11-M, el mayor ataque terrorista de la historia de nuestro país, evidenciara la falta de preparación técnica y moral de nuestro periodismo para hacer frente a la cobertura de este tipo de tragedias, tan imprevistas como indeseadas.

Al encuentro de la noticia: reacción inicial de las cadenas de televisión

Como es habitual, radio y televisión se erigieron durante la tarde del día 20 como los medios de referencia inmediata, aquellos donde la consternada ciudadanía acudió para recabar una información de primera hora que, en general, fue fragmentaria e insuficiente. En circunstancias como estas, los directivos de los grandes medios de comunicación se encuentran ante un dilema de muy difícil solución. Por su mente pasan numerosas cuestiones a las que tienen que dar respuesta inmediata y eso explica (aunque no necesariamente justifica) gran parte de los errores que se cometen durante las primeras horas de cobertura.

Por la misma causa, la reacción de las cadenas públicas no fue tan rápida como cabría desear. Mientras CNN+, entre otros canales de televisión, se volcaba desde un primer momento en una cobertura exclusiva del accidente, TVE  (la televisión pública) seguía con su programación habitual hasta que los primeros balances de heridos y defunciones hicieron comprender la verdadera magnitud del suceso. Más inexplicable resulta que cadenas públicas de otras Comunidades Autónomas como la andaluza Canal Sur, decidieran continuar con su programación habitual como si nada hubiera sucedido, durante el resto de la tarde.

La necesidad de llenar minutos de antena y de ofrecer algo distinto a la competencia también influyen en el tratamiento de las primeras informaciones. La tarde del accidente se desató una apabullante y macabra escalada de cifras (no siempre provenientes de las distintas fuentes oficiales) que iban sumando a cada instante defunciones, indignación y desesperanza al dramático panorama de los familiares de los pasajeros del vuelo JK5022 accidentado. Cientos de personas se debatían entre la incredulidad de la primera impresión y el miedo resultante de la confusión de desconocer el estado de sus seres queridos, cuya supervivencia se hacía más y más improbable con cada nueva cifra arrojada, sin miramientos, desde los medios de comunicación.

La cautela que en un principio se impuso entre los periodistas se fue haciendo cada vez más difusa a medida que transcurrían los minutos de emisión sin nuevos datos fiables con los que satisfacer a una audiencia preocupada y ávida de información. Esta progresiva desvirtuación se pudo ver con mayor claridad en  televisiones privadas como Antena 3 y Telecinco, que dejaron la cobertura en manos de sus habituales magacines sensacionalistas,‘El método Gonzo’ y ‘Está pasando’, en lugar de en los presumiblemente más serios y preparados servicios informativos de la cadena.

“La tónica de estos espacios ha sido la especulación”, así como la búsqueda de la “carnaza clásica por medio de testimonios morbosos y vídeos de anteriores tragedias, acompañados de la clásica sintonía lacrimógena”, asegura Jesu en una entrada del blog Sin futuro y sin un duro. La misma en la que irónicamente felicita a las mencionadas cadenas “por el fomento entre su audiencia del miedo a volar”.

Internet como canal alternativo

Con todo, la información no sólo circuló por los cauces oficiales y la prensa tradicional, sino también a través de internet y las redes sociales, que se hicieron eco de ella ya desde los primeros momentos. Fuimos muchos los que recibimos vía Twitter la desagradable noticia y aún más los que recurrimos al microblogging y a los blogs (especial mención para Microsiervos y E-Periodistas por su excelente labor de documentación) para calmar la agonía de la falta de datos y colaborar en lo posible a extender los pocos que se iban confirmando.

Algo más avanzada la tarde, a esta desinteresada labor de los internautas se unió, como experiencia piloto, el equipo de Dixired, que llevó a cabo un encomiable esfuerzo por mantener actualizada la información a través de su cuenta de Twitter. Al final del día, ya con la situación más o menos controlada, trasladaron el trabajo a su blog, donde publicaron un primer y acertado análisis de la cobertura de la tragedia realizada por las ediciones online de los diarios.

Y es que las grandes cabeceras de la prensa nacional no podían desentenderse de un acontecimiento con esta repercusión social y recurrieron a la herramienta más rápida de que disponían para contactar con la ciudadanía: sus ediciones on line. Prácticamente sin excepción, las portadas de sus webs se deshicieron de inmediato de los módulos adaptados para la cobertura de los Juegos Olímpicos, reemplazados por artículos eminentemente informativos que fueron actualizando a medida que se conocían nuevos detalles.

No quisiera extenderme analizando cada caso concreto, pues otros lo han hecho (y muy bien) antes que yo, así que en este aspecto concreto prefiero remitirles a sus conclusiones.

Se prepararon especiales, se realizaron infografías y reproducciones de los hechos, se buscaron precedentes históricos para situar la información en su contexto, se consultó a expertos en la materia y, en general, se llevó a cabo un despliegue de medios muy superior al que pudimos ver durante los instantes posteriores al 11-M. Esto, dejando a un lado polémicas de contenido que hemos abordado en otro artículo, es el resultado positivo de un trabajo bien hecho por parte de la prensa digital de este país, que ha sabido aprender de sus errores para solventar sus carencias. La cobertura fue rápida, solvente y técnicamente adecuada. Para quitarse el sombrero.

2 comentarios. »

  1. [...] 25/08/2008 (2) [...]

  2. [...] La primera hora de una tragedia [...]

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