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Borja Ventura nació en Valencia hace 25 años, aunque vive en Madrid desde hace tres. Licenciado en Periodismo, es coordinador de Actualidad en 20minutos.es, el tercer diario digital en España. Antes fue portadista del mismo diario y antes, Jefe de Sección en Periodista Digital. Blog.

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Otra guerra en Europa

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En cierto modo, el estallido de la Unión Soviética y de las repúblicas balcánicas tienen mucho que ver: dos grandes países unidos y cohesionados mientras tuvieron poder, pero que se rompieron en mil pedazos cuando la decadencia llegó al imperio. El peligro de que una nueva guerra sacuda a Europa tal y como sucedió con el estallido nacionalista de los Balcanes, casi cerrado con la captura de Karadzic, se ha reavivado con el conflicto del Cáucaso, en esta ocasión entre Rusia y Georgia.

Y es que la antigua Unión Soviética es como un plato que se cayó al suelo hace unos 20 años y que se ha roto en un pedazo grande y centenares de esquirlas, afiladas y pequeñas como alfileres. Aquella superpotencia del pasado, construida sobre sueños de igualdad y mantenida sobre el miedo y la dictadura, se ha convertido en un constante bullir de tensiones territoriales entre repúblicas de apenas decenas de kilómetros que quieren independizarse del resto.

Si Stalin, el hombre que mantuvo compacta a la Unión Soviética a fuerza de deportaciones masivas, levantara la cabeza, vería el resultado de esa delirante escalada nacionalista en su propio pueblo natal. Gori, a unos cuarenta kilómetros al noroeste de la capital georgiana, fue pasto del fuego ruso. Era la respuesta del Kremlin a la intervención del Ejército de Tbilisi en la autoproclamada región de Osetia del Sur.

Rusia frente a la OTAN

La historia de esta república es complicada, como la de cualquiera de los trozos de suelo con sueños de independencia que abundan en el Cáucaso. Osetia del Sur, como Abjasia, son parte territorio soberano de Georgia, donde desde hace años el Gobierno de Mijail Saakashvili ha querido poner distancia respecto a la madre Rusia e, incluso, coquetear con su entrada en la OTAN. Pero al Kremlin, el mismo que repudia el pasado soviético, no quiere que sus hijos se cambien de lado de aquello que fue el telón de acero, así que azuza las pasiones soberanistas de la zona para castigar a los traidores.

De esta forma, Osetia del Sur (al norte de Georgia), quiere unirse a Osetia del Norte (al sur de Rusia) y, a su vez, entrar a formar parte de la Federación Rusa como república independiente. Y Rusia, tan contenta. Al menos aquí, porque no ofrece la misma comprensión con los independentistas de Chechenia, con los que ha estado enfrentada durante años. O con la recientemente inaugurada independencia de Kosovo, en los Balcanes, que no ha aceptado de forma oficial.

Unos nuevos Balcanes

Pero las tensiones nacionalistas de la zona no son fruto de la casualidad: una unión impuesta a pueblos diversos, con idiomas diferenciados y orígenes diferentes no es la explicación real a tanto odio acumulado. El paso estratégico entre el Mar Negro y el Mar Caspio, las vías de distribución de gas o los pozos petrolíferos tienen mucho más que ver con la realidad, aunque nadie lo reconozca abiertamente.

Chechenia, Osetia del Norte, Ingushetia, Kabardino-Balkaria, Karacháevo-Cherkesia, Adiguesia y Dagestán son los siete nombres, las piezas de puzzle en forma de repúblicas caucásicas que aspiran a ser como Montenegro, Bosnia-Herzegovina, Croacia o el propio Kosovo. Aunque las escaramuzas entre Georgia y Rusia no pasen a mayores (algunas fuentes hablan de más de 2.000 víctimas mortales) este nuevo episodio no es más que un nuevo paso de una Guerra Fría que parece aún no haber terminado.

El último coletazo de esta guerra sin guerra que atemorizó al mundo es un choque más profundo, el de Rusia consigo misma, con su realidad como país empobrecido y decadente, que se empeña en querer mantener su gloria exterior olvidando sus eternas penas interiores. Y, como con ella, con muchas regiones del continente que se centran en una absurda carrera nacionalista como única salida a unos problemas de índole muy diversa. Por desgracia, viendo los movimientos oportunistas que han realizado en estos días otras repúblicas hacen pensar que una guerra a gran escala podría ser, nuevamente, la única forma de dirimir tanto nacionalismo exacerbado.

3 comentarios. »

  1. [...] en mi artículo de Tinta Digital | Muy recomendable este artículo en Guerras [...]

  2. Los políticos y está gente que parece que no tiene otra cosa que hacer que organizar guerras debería aprender del gente normal, como los deportistas: no recuerdo en que deporte fue pero en las olimpiadas han ganado medalla una deportista de Rusia y otra de Georgia y para demostrar que la guerra no es la solución en vez de darse la mano, se abrazaron. Pero claro, eso no da dinero…

  3. [...] Rusia invade Georgia ante la pasividad de la OTAN. [...]

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