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Chema García es licenciado en periodismo, nació en Córdoba y reside actualmente en Sevilla donde se encuentra realizando su doctorado en Comunicación. Ha trabajado en agencias, prensa escrita, radio y sobre todo televisión, medio donde ha sido desde redactor hasta editor y presentador de informativos.

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La libertad de expresión, ¿la horma del zapato de Losantos?

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Una nueva sentencia condenatoria contra el periodista de la Cadena COPE Federico Jiménez Losantos ha hecho que de nuevo los cimientos de la sociedad de la información en este país se remuevan. La mayoría de los comentarios, una vez más críticas al periodista de la radio de la Conferencia Episcopal, estuvieron dirigidos a cuestionar la trayectoria de un profesional de la radio seguido por millones de oyentes cada mañana y a su forma de entender el periodismo.

Losantos ha sido ha sido condenado a pagar 100.000 euros al ex director del diario ABC, José Antonio Zarzalejos, por “intromisión legítima en el derecho fundamental al honor”. El locutor de la COPE arremetió contra Zarzalejos en su programa con expresiones como “ridículo”, “bobo”, “avieso”, “desdichado”, “jerifalte”, “necio”, “inútil”, “carca”, “mentiroso”, “zote”, “embustero”, “analfabeto funcional”, “sicario”, “zoquete”, “escobilla para los restos”, “chapuza”, “cosa grotesca”, “fracasado”, “pobre diablo”, “irresponsable” o “traidor”.

Con antecedentes

Ya en 2006 un juez prohibió al locutor y a la Cadena COPE dirigirse al entonces director diario ABC con calificativos tales como “incompetente”, “lamentable”, “irresponsable”, “traidor”, “infecto”, “repugnante”, “falso”, “calumniador”, “basura”, “abyecto”, “ridículo”, “siniestro”, “falsario”, “fariseo”, “vil”, “avieso” o “criminal”.

El pasado 16 de junio, Losantos fue también condenado por otro tribunal a indemnizar al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, con 36.000 euros por un delito de injurias graves con publicidad. En aquella ocasión y refiriéndose al regidor de la capital, el locutor aseguró que éste era un “lacayo de la oposicón”, llegándolo a acusar de tener interés en que no se investigaran los atentados del 11-M en Madrid.

El valor de la palabra

La Cadena COPE y Jiménez Losantos han sufrido sin dudas duras críticas por el programa que éste presenta en las mañanas de la radio nacional y su peculiar modo de ver la política y sociedad de este país, visión compartida por muchos de sus oyentes. Tanto es así que las célebres frases del periodista han llegado a dar para construir una web dedicada al repaso diario de sus programas.

Cuando hablamos de una profesión donde es tan grande el corporativismo resulta qué menos que llamativa la “soledad” a la que en muchas ocasiones se ve condenado Losantos, respaldado posiblemente no de cara a la pasarela de los medios pero sí de casa para adentro, debido al temido, querido y enigmático poder que el locutor demuestra tener en la Conferencia Episcopal, que en ningún momento se ha decidido a sustituirlo o hacerlo rectificar ni un ápice de sus palabras. Quienes sí se manifestaron fueron los miembros de Reporteros Sin Fronteras Internacional por la magnitud de la condena aunque la nota de prensa fue corregida posteriormente por su sede nacional.

Eso sí, en este caso tenemos que mirar con lupa los bolsillos del clero y las entradas a sus arcas de la mayor partida de publicidad proviniente de los espacios publicitarios del programa de Losantos. No obstante, algunas voces ya apuntan a que el contrato del periodista no será renovado el próximo mes de mayo.

Libertad de expresión sí, pero con límites

El tema central de todo el debate está en los límites de la libertad de expresión. En este sentido es clara la Contitución Española, que en su artículo 20 señala como derechos “a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción, a la producción y creación literaria, artística, científica y técnica, a la libertad de cátedra, a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”.

Asimismo, añade que la Ley “regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades” y que “el ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”, que la Ley “regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España”.

Sin embargo, la Contitución, en este mismo artículo destaca que estas libertades “tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las Leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”. Estos límites están descritos en la Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo, de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y Familiar y a la Propia Imagen”.

Sin embargo, y delimitados los terrenos en los que el periodista pudo delinquir y cuya decisión sólo cabe a las autoridades judiciales y aceptando y asumiendo una falta grave de un profesional en el ejercicio de su labor periodística, deberíamos reflexionar sobre la alta capacidad que tiene este hombre para conseguir acaparar la atención de millones de españoles. Del análisis quizás podríamos sacar que el periodista condenado sí ejerce un periodismo legítimo. Me explico: los medios de comunicación están llenos de periodistas que ejercen ese tipo de periodismo de “corre ve y dile” reflejando simplemente hechos y esforzándose en la objetividad inexistente en toda información.

¿Informador o periodista?

¿Dónde están los conocimientos aplicados, la experiencia, la documentación, el análisis que es capaz de convertir a un informador en un periodista capaz de traducir al lenguaje de la verdad más absoluta la relatividad de una información sesgada por la inmediatez y la traducción literal?. Puede que seamos muchos los que no estamos de acuerdo con muchas de las cosas que dice Losantos, con sus formas, con su politización o con su exceso de celo, pero no podemos negar algo evidente: muchos juegan a ser informadores y él se la juega en los juzgados por ese exceso profesional que le lleva a decir lo que piensa y lo que siente.

Si justa puede ser su condena judicial por estos hechos, no sería justo atacar a un profesional con una capacidad de análisis como la suya teniendo a miles de informadores que no pueden o no quieren llegar a ese punto. Él gana, en este sentido, con sus millones de oyentes, y nos enseña cuál es camino… aunque es posible que se encuentre lejos de la meta.


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3 comentarios. »

  1. ¿La llamada “Ley Midas” promulgada cuando estaba en Justicia un antiguo Colaborador de Fraga Iribarne en Información y Turismo?

  2. [...] La libertad de expresión, ¿la horma del zapato de Losantos? (Comunicación) These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages. [...]

  3. viva la cope!! y viva federicoo

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