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Sergio Valldecabres, nacido en Valencia en 1981, es licenciado en Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera - CEU de Valencia. Desde sus inicios lleva trabajando en deportes: empezó siguiendo para la Agencia EFE a Ros Casares, Valencia Vijusa Valencia B y Vamasa Valencia. Después, pasó a formar parte de la redacción de deportes del diario Las Provincias, del Grupo Vocento. Actualmente lleva la comunicación de las Federaciones Deportivas de Voleibol, Tenis de Mesa, Deportes Adaptado, Triatlón, Taekwondo, Rugby y Actividades Subacuáticas, además de colaborar en los portales Servifutbol y Mercafutbol.

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La calma regresa al tenis

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En el deporte, las medallas no te las pones sino que te las ponen. Pedro Muñoz, actual presidente de la Federación Española de Tenis, anunció la semana pasada que no se presenta a la reelección “por el bien del tenis español”. El espectáculo llega a su fin.

El tenis se ha convertido en los últimos meses en una fuente inagotable de noticias positivas, pero también negativas. Las buenas nuevas han llegado de la mano de Rafa Nadal, David Ferrer y los distintos tenistas que han llevado a España a convertirse en la gran potencia mundial. Pero en los últimos meses Pedro Muñoz se ha convertido en una estrella mediática para dar las malas. El presidente de la Federación ha protagonizado los episodios más tristes de la temporada con sus continuos conflictos con los tenistas, los auténticos protagonistas.

El origen de la disputa

Muñoz garantizó a los jugadores de la Davis que si accedían a las semifinales tendrían en cuenta su opinión para la elección de la sede, pero todo quedó en una declaración de intenciones. Tras la clasificación, trascendió que Madrid se convertiría en sede para jugar contra Estados Unidos y fue el momento en el que el equipo de Copa Davis, con Emilio Sánchez Vicario a la cabeza, estalló. Hizo público un comunicado en el que criticaba la forma de actuar de Muñoz y la desaprobación a su gestión.

Madrid se convirtió días más tarde en sede oficial. La opinión de los jugadores no se había escuchado. La bola de nieve se hacía más y más grande. Fue entonces cuando Muñoz, armado con un teléfono móvil, amenazó e increpó a sus jugadores vía SMS.

El equipo de Copa Davis y sus colaboradores sacaron a la luz los mensajes de texto enviados por Pedro Muñoz. Carlos Moyá y los entrenadores de Ferrer y Ferrero fueron algunos de los elegidos por la agenda de Muñoz. Tras esta nueva disputa, Jaime Lissavetzky, Secretario de Estado para el Deporte, decidió intervenir y rebajar la tensión: una de las disciplinas que más éxitos estaba dando al deporte español no podía vivir en una continua guerra interna.

Ni la sede, ni el uniforme

Tras la mediación del máximo mandatario del deporte, la situación se normalizó y las aguas parecían que volvían a su cauce, pero nada más lejos de la realidad. La gestión de Muñoz iba a dejar más heridos por el camino. Carlos Boluda y Javier Martí, las dos promesas con más futuro del tenis español, quedaban fuera del Europeo sub-16 por problemas de indumentaria. Las marcas de ropa que visten a los dos jóvenes no eran compatibles con los criterios de la Federación Española y sólo se autorizaría su participación si aceptaban llevar la ropa oficial con los patrocinadores federativos.

El camino de estas promesas hasta alcanzar la profesionalización se sustenta, en gran medida, en los contratos de patrocinio de las grandes marcas. Pero Muñoz no aceptó que los niños llevaran el color oficial del país –el rojo- con sus marcas y apartó a los dos mejores jugadores cadetes del Europeo, clasificatorio para la Davis júnior. Pero la Federación negaba la mayor.

Pedro Muñoz hizo pública la semana pasada su intención de no presentarse a la reelección. Pero se va como un caballo desbocado. En su despedida alabó sus grandes triunfos pero obvió sus grandes polémicas por las que se ha dado a conocer. Los tenistas españoles volverán a ser los protagonistas.

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