Isla de Mann T.T. : la última locura
Visitar esta maravillosa isla en pleno mar de Irlanda con una excusa meramente turística debe ser sin duda un gran placer: valles forestales, preciosos acantilados, playas de arena, pintorescos pueblos, castillos monumentales… y motocicletas rugiendo por la campiña a más de 300 km/h. Una delicia.
Además de fiscal, la Isla de Mann es el paraíso de los que desean la última gran experiencia a lomos de su moto o sidecar. El precioso circuito de 60 km de longitud que cruza la isla, no es tal paraiso: no hay escapatorias, ni puzolanas, ni amables balas de paja. Lo que hay en su lugar son farolas, bordillos, árboles y espectadores. Y es que el circuito es la única carretera que cruza la isla.
El origen
Desde 1907, y a raíz de la prohibición en Gran Bretaña de las carreras en lugares abiertos al tráfico, esta diminuta isla independiente se configuró como alternativa con un recorrido urbano e interurbano que configura una carrera espectacular como ninguna y mortal como pocas.
Hoy, el ‘Tourist Trophy‘ se celebra una vez al año con diferentes categorías y unas 40.000 personas entre visitantes y pilotos. Pero no esperen encontrar alguno procedente de las categorías conocidas, demasiado riesgo para tan poco beneficio. La única excepción es Carl Fogarty, Campeón de Superbikes, que pulverizó el récord de velocidad en el circuito y lo mantuvo 7 años.
Y sin embargo, todos los pilotos cuyas leyendas se han forjado aquí son enormemente respetados en la comunidad motera por su gallardía y valor, los ‘lores‘ de la isla.
El precio de la leyenda
En su época dorada, entre 1949 y 1976, esta prueba pertenecía al Campeonato del Mundo y participaron algunos de los más grandes, como John Surtees, el grandísimo Giacomo Agostini, Phil Read o Mike Hailwood, que ganó la carrera en catorce ocasiones y mantuvo el récord de cinco victorias consecutivas en un G.P. hasta que se lo arrebató Rossi en el 2007. Mike, ‘the Bike’, es uno de esos nombres asociados indisolublemente a esta prueba, aunque el “rey” indicutible siempre será Joel Dunlop, con 26 victorias… salvo para los que consideran que el rey indiscutible es John McGuinness, primero en superar las 130 millas por hora de velocidad media.
Antes del inicio de esta centenaria prueba, se practican diversos rituales para alejar los malos duendes (tierras celtas, no lo olviden), pero implacablemente año tras año, los fantasmas que moran castillos y valles salen a cobrarse el precio de la leyenda: 234 muertos en sus 101 años de vida, sin contar el ‘Mad Day‘, el día en que se permite a cualquier motero recorrer libremente el circuito.
La milla 13
Y cómo no, la furia española también pasó por aquí y dejó huella. El magnífico piloto Santiago Herrero perdió la vida en la milla 13 de este precioso y maldito circuito en 1970, año en que muy posiblemente podría haber sido nuestro primer campeón mundial en 250 centímetros cúbicos.
A raíz de su lamentada pérdida al chocar contra un árbol, la Federación Española de Motociclismo prohibió a los pilotos participar en la carrera a riesgo de perder su licencia, y por ello Maeso y otros españoles han tenido que participar bajo pabellón británico o francés.
La muerte de ‘Santi‘ y otros accidentes posteriores excluyeron definitivamente al T.T. de la Isla de Mann de los G.P. catapultándola al instante hacia la leyenda por su peligrosidad.
Corred, corred, malditos
El próximo año, desde el 24 de mayo hasta el 6 de junio, la adrenalina y la velocidad volverán a sortear salvajemente estas carreteras.
Habrá novedades para la próxima edición en el aspecto más demandado por participantes, patrocinadores y espectadores, imagino: ¿Más seguridad, quizá? No: ecología. La organización desea establecer récords de velocidad para vehículos “limpios“. Bravo por ellos.
Muchos abogan por la desaparición definitiva de esta prueba por sus negras estadísticas, pero mientras la locura siga llenando los depósitos de la afición motera y la Isla pueda vivir de los jugosos beneficios del riesgo cierto y la velocidad, el espectáculo continuará.
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