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Borja Ventura nació en Valencia hace 26 años, aunque vive en Madrid desde hace tres. Licenciado en Periodismo, es parte del equipo que prepara el Proyecto i, de Diximedia. Antes ha sido coordinador de Actualidad en 20minutos.es, portadista del mismo diario y Jefe de Sección en Periodista Digital. Blog.

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Sarkozy, el presidente de Europa

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La trayectoria de Nicolas Sarkozy no es diferente a la de otros muchos líderes: una gestión discutida pero eficiente de sus asuntos internos le convierte en líder incluso fuera de sus fronteras, allí donde nadie le ha votado. Lo malo de esta estrategia, que ya siguieron otros como Tony Blair o José María Aznar, es que suele acabar con un duro aterrizaje: intentar ser el presidente de varios países hace que seas incapaz de gobernar el tuyo propio.

Sarkozy ha querido ser una especie de presidente de Estados Unidos, pero a la europea: un líder influyente más allá de sus fronteras, jalonado por algún triunfo diplomático que le permita estar en todas las fotografías que retratarán el día de mañana la historia de nuestro mundo.

Y eso es exactamente lo que lleva intentando hacer el presidente francés desde que, año y dos meses atrás, liquidara de un plumazo lo que se presentaba como el nuevo fenómeno de la izquierda europea. ¿Quién se acuerda ahora de Ségolène Royal, denostada incluso por sus propios compañeros de partido?

El éxito de la diplomacia

Le derrotó un brillante político, veterano pese a su juventud, que con sólo 22 años ya era concejal. Desde entonces hasta ahora ha intentado estar en todo: desde los incidentes diplomáticos en África, donde acudió en persona a rescatar‘ a franceses y españoles de las autoridades chadianas, hasta mediando entre Uribe, Chávez y las FARC para conseguir el rescate de Ingrid Betancourt.

El presidente francés se volvió una pieza clave en la gestión de la crisis con los paramilitares colombianos, tal y como ellos mismos lo reconocieron. Con todo, cuando la política fue finalmente liberada, lo primero que dijo al tomar rumbo a Francia en el avión privado del presidente galo fue que le debía la vida a Francia. Punto para Sarkozy.

En Europa, el presidente francés intentó asumir el mando ‘de facto‘ desde el principio, intentando eclipsar a una silenciosa pero eficiente Angela Merkel y a un Gordon Brown a quien el cargo le viene demasiado grande. Al principio no consiguió situarse como ese líder de referencia que él quería ser, pero con el tiempo ha vuelto a intentarlo. El hecho de reunir a más de 40 líderes de la UE y de la cuenca africana del Mediterráneo junto con algunos representantes de las principales potencias de Oriente Medio le han vuelto a situar en el centro de la diplomacia internacional. Si, además, consigue que más de 30 de ellos se queden a celebrar la fiesta de la independencia gala, doble punto.

Una carrera meteórica

Este francés, hijo de noble húngaro y presente en algunos de los círculos más exclusivos de su país, supo emerger cuando las cosas peor pintaban: en aquellos días ardían los suburbios de París, con una violenta revuelta propiciada por una acción desmedida de la Policía gala que se unió a otros factores para poner en jaque al Estado francés.

Pero Sarkozy, entonces ministro del Interior galo, tenía otros planes. A él no le interesaban ni los suburbios, ni los jóvenes inmigrantes inadaptados, ni el drama de dos adolescentes muertos. Prometió acabar con la revuelta usando mano dura y es exactamente lo que hizo. Por el camino de su ascenso hasta la cumbre fue pisando las cabezas de sus compañeros de partido, las viejas glorias de la UMP, salpicadas por el ‘caso Clearstream, del que logró salir impune, pero que a punto estuvo de costarles el Gobierno.

Cuando logró ser el candidato de su partido, la última cabeza por pisar que le quedaba era la de Royal, ese anuncio del futuro Obama a la europea, esa mujer de la que muchos sólo sabían decir que era atractiva… ese gran fiasco al que las divisiones internas del socialismo francés lograron arrastrar al lodo.

El fracaso de Francia

Desde entonces, el mundo ha sido de Sarkozy. Dejó a Cécilia, su incondicional esposa, para juntarse poco después con la telegénica Carla Bruni. ¿Imaginan a Rajoy o a Zapatero dejando a sus esposas para irse, pongamos, con Elsa Pataky? Molestaba más por aquel entonces saber en qué gastaba el dinero público la ya ex mujer de Sarkozy que el hecho de que la primera dama del país fuera una ex modelo, amago de cantante que ha posado unas cuantas veces desnuda. Un rasgo más de la grandeur francesa, que parece darse cuenta ahora de que la imagen externa no asegura eficiencia interna.

Las sucesivas huelgas que han amenazado con paralizar el país, la enorme oposición interna a las reformas del funcionariado o la valentía que ha demostrado a la hora de mostrarse dispuesto a cerrar el grifo a la inversión privada en la televisión pública han ayudado a dilapidar su buena imagen inicial. Sus continuas apariciones en el papel cuché están haciendo el resto.

La gran ventaja con la que cuenta Sarkozy es que carece de oposición, ya sea interna o externa. La cuestión es saber cuándo y cómo intentará recuperar su imagen de líder dentro de sus fronteras. Y si lo conseguirá. De lo contrario tendrá un problema, ya que los africanos, colombianos y árabes no votan en las elecciones francesas.


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2 comentarios. »

  1. [...] Más en “Sarkozy, el presidente de Europa“ These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages. [...]

  2. [...] Cinco años le ha costado al Ejecutivo socialista darse cuenta del filón que tenía en el extranjero. Desde los atentados del 11-M, que hicieron que ganara las elecciones, la prensa extranjera se rindió al quehacer de Zapatero: sus profundos cambios sociales conquistaron portadas país a país e, incluso en los momentos de mayor crispación, cuando la imagen de los socialistas perdía fuerza por lo hondo que caló la estrategia de la oposición popular, la prensa internacional tendía a defender las medidas, ya no solo sociales, sino también económicas, de Zapatero. Pero un país no es nada si no es capaz de tener presencia internacional, un mensaje que potencias como Francia y figuras como Nicolas Sarkozy han entendido perfectamente. [...]

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