La alta velocidad de Villalonga
El fútbol no entiende de cortesías, al menos en los despachos. Es como ese viejo cascarrabias que con el paso de los años se ha vuelto más impaciente e irritable. No tolera el fracaso inicial y sus palmaditas en la espalda caducan con un par de malos resultados seguidos. En los despachos del fútbol no existe esa regla tácita de los 100 días que podría funcionar en el terreno político. Todo se juzga, se valora y se critica con demasiada rapidez. Quizá por eso Juan Villalonga se ha guardado poquitas cosas en la maleta desde su llegada a Valencia hace 12 días.
En poco menos de dos semanas ha incorporado a Xabier Azkargorta como nuevo director deportivo y ha atado a David Villa, al que ha prometido una jugosa mejora de contrato que le impedirá escuchar cantos de sirena un verano más. Pero Villalonga todavía no es hombre de fútbol y ahí ha estado a punto de llevarse por delante al técnico Unai Emery, después que el diario Marca desvelase sus contactos con Luis Aragonés para convertirlo en el nuevo entrenador, un extremo que todavía nadie del club ha desmentido.
Doce días han bastado a Juan Villalonga para exprimir al máximo las páginas de su diario. Ha recuperado el buen rollo institucional y se ha reunido con los ex presidentes del club. El día de su llegada se encontró con una nube de periodistas a los respondió dando tópicos y prometiendo colocar al club en la elite de Europa. Villalonga aspira al modelo de los cracks sobre el tapete verde y para ello sabe que el club debe maximizar sus ingresos de explotación. Por ahí ha empezado ofreciéndole un puesto a Miguel Ángel Fernández, cansado de vender camisetas en el Real Madrid.
Decisiones inminentes
No bastará exportar la imagen del Valencia a medio mundo y por eso Villalonga prepara una ampliación de capital, una operación con la que pretende sacar al club del letargo económico tras los problemas que están apareciendo para vender las parcelas de Mestalla a causa de la crisis económica. Se espera que saque su genio negociador de la chistera para traer inversores, dinero fresco que ayude a pagar las obras de un nuevo estadio al que no se quiere hacer esperar.
Villalonga ha enseñado la velocidad que desea implantarle al club. Nada de aterrizaje suave y contemplación del paisaje desde la atalaya. Las próximas semanas se prevén también frenéticas. Se espera un relevo en el cuerpo médico y, especialmente, una renovación del consejo de administración, que ya poco pinta en el nuevo proyecto. Juan Villalonga desembarca con su gente de confianza y creará un organigrama a su medida. Mientras tanto, él sigue en su despacho poniéndose al día de los conceptos del balón redondo sobre el campo que, a fin de cuentas, será quien decidida cómo y con qué titular pasa al almanaque del club.













